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SAUCE

 

SALIX VITELLINA

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Descripción


El Holly fue introducido por los galos en las Islas Británicas. Es un arbusto o pequeño árbol perenne que crece en los bosques y que se extiende en casi toda Europa. Todo el año se mantiene verde y fresco. Sus flores son blancas y pequeñas, dulcemente aromáticas.
Se supone muy antiguo y existen relatos de antes de Cristo que indican el carácter sagrado que varios pueblos otorgaron a este árbol. Tal vez el espectáculo de sus hojas siempre verdes y las bayas rojas en un árbol desnudo pudo haber parecido “lo suficientemente raro para investirlo de poderes sobrenaturalcs” (Robert Graves).
Para los druidas galos, que se atenían a los ritos británicos, este árbol era considerado el más importante. Los irlandeses lo consideraban uno de los siete árboles sagrados del bosque.
En la religión greco-romana se asociaba con los saturnales (la clava de Saturno estaba hecha de acebo) del “Día del tonto” y era el emblema del Dios Asno, de lo cual deriva posiblemente la unión de significados entre asno y tonto en el lenguaje popular.
También este árbol estaba consagrado al dios Marte, dios de la guerra, “de rostro color púrpura”, y hay un verso celta al respecto que dice:

“El acebo, verde obscuro, tomó una actitud resuelta;
está armado con muchas puntas de lanza
que hieren la mano.

El mes del acebo iba desde el 8 de julio al 4 de agosto. Su madera era utilizada en este tiempo para hacer lanzas de carros.
Los alquimistas, desde Paracelso, lo consideraban “la panacea universal”, el curalotodo. Los químicos, en este siglo, han tratado de averiguar la veracidad dc esta afirmación sin encontrarle propiedades curativas.
Sir James Frazcr en su libro “La rama dorada” explica que los druidas arrancaban el muérdago del roble, simbolizando de este modo la castración d3l viejo rey por su sucesor, pues el Holly es considerado un símbolo fálico.
Su nombre latino es Vis, e ischus (fuerza) del griego Ixias, probablemente a causa de la viscosidad espermática de sus vainas y el esperma como vehículo de la vida.  En los pueblos Amos del Japón, coincidentes con los celtas y los antiguos italianos, lo usaban para todas las dolencias, especialmente en los niños y para lograr la concepción.
En Europa, cl día de San Juan, en una ceremonia ritual y popular, se cegaban los ojos del año con una estaca de muérdago, pues según la leyenda escandinava los otros árboles sc negaban a hacerlo. Otra creencia campesina
era que el Holly podía apoderarse demoniacamente de las personas.     
El muérdago siempre tuvo la reputación de “inmortal”. Este árbol otorgaba el don de la invulnerabilidad a quien recorriera el camino de las pruebas iniciadas. Esta inmortalidad está asociada a lo divino, el absoluto que nunca muere.
El Holly adorna casas y templos, recordándonos el sentimiento de natividad como conmemoración del nacimiento de Jesús, aunque este rito es aún más antiguo y pagano. Se lo considera un árbol místico de invierno y sus
hayas rojas protegían el hogar desde épocas precristianas. Se lo planta cerca de las casas para protegerlas de los rayos.

Relación Botánica


Es un pequeño árbol que crece en los bosques y espesuras dc Europa. Puede llegar a una altura de hasta 12 metros. Su madera, muy densa sc emplea en la fabricación de piezas dc ajedrez y para grabados. Salvo en raros casos las flores masculinas y femeninas crecen en árboles distintos. Florece en primavera hasta mediados del verano.

 

Observaciones:


Para poder tratar adecuadamente con alguien enojado, ofendido o amargado hay que preguntarse si su conducta es verdadera o fingida, pues muchas perso­nas, sobre todo niños, se hacen los ofendidos para lograr sus deseos. Cuanto más éxito logran con esta estratagema, con tanta mayor fuerza se convierten en auténticos tiranos de los sentimientos que utilizan en provecho propio la sensibili­dad, filantropía o sentimiento de culpa de sus padres o semejantes. Esta conducta chantajeante no debe fomentarse, en su propio interés, cediendo a sus preten­siones. No sólo les genera un rechazo general, sino que puede tener consecuen­cias catastróficas si les conduce a enojarse también con la vida que les pone obs­táculos en el camino.
Pero la vida no se deja chantajear: únicamente deja elegir entre cumplir sus exigencias o desaparecer, siguiendo el lema de «la bolsa o la vida». Por ese moti­vo, las personas, sobre todo si están creciendo, deben aprender a ser realistas y moderados en sus expectativas y a sentirse satisfechos con lo que tienen.


En esta «lección para vivir» son los padres y los educadores, en su calidad de personas con autoridad, los que representan sobre todo la realidad de la vida. Deben insistir, naturalmente en los casos fundados, en que se respete su palabra y trans­mitir a los niños la experiencia de que no se puede tener todo lo que se quiere y que hay límites que no deben sobrepasarse. Con esta experiencia fundamental la persona en desarrollo queda en condiciones de orientarse en una vida que cons­tantemente proporciona desilusiones y que no satisface muchas expectativas. No hay que dejarse chantajear con enojos «tácticos» y con el papel del «ofendido», sino dejar al chantajista «cocerse en su propio jugo» hasta que vea que no puede imponer siempre sus deseos y que por su propio interés debe someterse.


Es distinto en los estados «sauce» serios puesto que éstos poseen un potencial destructivo. El sentimiento de vida de la persona afectada, positivo en caso con­trario, y su marcado deseo de alegría se han convertido en lo contrario porque sus expectativas no se cumplen. Está realmente desilusionado y amargado, dolido y ofendido, enojado, se retrae del mundo y de los hombres o disputa con el des­tino que «sin merecerlo» tan mal le ha tratado. La energía positiva y afirmativa de sus intensos deseos se han transformado en una negación igual de violenta. Se vuelve agresiva contra todo lo que se le pone en el camino, que en caso extremo es el mundo en su totalidad o el destino, o si tiene predisposición introvertida contra sí mismo en forma de amargura y una visión del mundo desilusionada.


En los verdaderos estados «sauce» habría que partir de que, al menos subjeti­vamente, están justificados y que cuando aparecen con gran intensidad es mejor proporcionarles ayuda que arriesgarse a un daño psíquico permanente por una exagerada inflexibilidad. (Sobre todo los niños se desilusionan o hieren a veces muy profundamente con cosas que el mundo externo considera carentes de im­portancia.) En estos casos no tiene sentido ejercer una presión adicional porque, lo mismo que el aceite arrojado al fuego, lo único que se consigue es incremen­tar el padecimiento negativo. Lo mejor es dejar en paz a la persona desilusiona­da o amargada e intentar señalarle de forma no provocadora que su conducta conduce a un callejón sin salida porque va en contra de una realidad inmutable de la vida y que ella misma será la que más sufrirá con todo ello.
Las personas con tendencia a la desilusión, la vulnerabilidad y la amargura ne­cesitan fundamentalmente una postura distinta ante la vida. Se trata, por un lado, del reconocimiento de que con todos estos actos se están dañando a sí mismos puesto que la vida no se preocupa de su opinión, y por el otro de un punto de vista realista que tiene en cuenta el hecho de que el ser humano es sólo un débil ser dependiente de su creador.


Mientras que las personas de tipo «sauce» piensen que alguien es culpable conscientemente y de manera intencionada de su padecimiento, se lo toman de forma tan personal que «les llega al corazón». Pero si se dieran cuenta de que to­dos los sucesos universales son una malla intrincada y que todo, también ellos mismos, sirven al destino como herramienta, podrían asumir mejor el descalabro y considerarlo como un golpe del destino. Sería igualmente adecuado que inten­taran hacer ellos mismos lo que exigen a los demás pues entonces lo verían bajo otra luz. (Además, muchas veces se pone de manifiesto que a pesar de la desilu­sión inicial, tal como ha ocurrido fue al final lo mejor.)


Nuestra vida es un proceso de desarrollo y maduración con una meta miste­riosa hacia la que contribuye todo lo que hacemos, incluso los acontecimientos desagradables y negativos. Estos últimos son como frutos de mal aspecto y eri­zados de espinas, que sin embargo llevan en su interior un núcleo de sabor deli­cioso. Superar los estados «sauce» significa liberarlo.


Descripción del estado:


Amargura. Resentimiento. Rencor. Para quien se siente víctima de un destino injusto.


Verbalizaciones frecuentes:


“Me parece injusto que la vida me haya privado de tantas cosas”, “Como yo no me divierto, aquí no se divierte nadie”, “¿Por qué todo lo malo me pasa a mí, y a los demás todo lo bueno?”, “A nadie le importa nada de mí”, “Parece que atraigo las desgracias”, “No sé de qué se puede alegrar uno”, “No es culpa mía si las cosas siempre nos salen mal”, “¡Qué injusta es la vida!”, “¿Por qué debo agradecerlo? Ya era hora de que me tocara algo a mí”.


Organos afectados: TODO EL ORGANISMO. DESTACAN PROBLEMAS INTESTINALES Y DIGESTIVOS.


Síntomas asociados:

presión, irritabilidad, pasividad, rencor, pesimismo, negación, egoísmo, tristeza, paranoia.


Claves sintomáticas:  RENCOR, AMARGURA.


Combinaciones frecuentes con otros remedios:


Acebo (1/34): amargura con rabia u odio.
Achicoria (2/34): amargura por rechazo o desagradecimiento.
Castaño blanco (11/34): pensamientos forzados y amargos.
Leche de gallina (24/34): amargura por trauma imprevisto.
Madreselva (25/34): amargura por pérdida.
Mostaza silvestre (28/34): depresiones por amargura.
Roble albar (33/34): deseos incontenibles de venganza.
Vid (34/37): el tirano de la casa amargado.Violeta de agua (34/38): amargura debido a limitación de la libertad.

 

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