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WILD ROSE

 

ROSA CANINA

ROSA SILVESTRE

 

 


Descripción


Esta rosa llamada canina, agavanzo, escaramujo o mosqueta es nativa de Inglaterra y crece cn todo el país. También se encuentra abundantemente en el sur de la Argentina y con sus flores se preparan mermeladas y productos cosméticos. Esta práctica tiene su origen en el hecho de que en este lugar se establecieron colonias galesas e inglesas que llevaron sus costumbres de origen a su nueva residencia.
En el renacimiento era una flor muy apreciada por sus facultades curati­vas y sobre ella se dice que su color deriva de una historia de amor. Una dama blanca al precipitarsc sobre su amante herido tiñe su túnica dc rosa y se convierte en flor que abre sus pétalos esperando la fuerza del sol.


Entre los celtas el mes del seto de rosas era el mes en el cual la novia del príncipe enamorado consiente abrir los ojos semicerrados y sonreír. Y curio­samente de allí deriva el cuento de Blancanieves, que “duerme” y despierta en ese mes con un beso, y que luego fue mutilado de su significado original en el cual también los siete enanos, alquimistas de metales preciosos, representan simultáneamente los siete planetas y los siete árboles sagrados (abedul, sauce, acebo, avellano, roble, manzano, aliso). El ataúd de vidrio es el castillo de vidrio al que van los héroes para que les dé alojamiento la Diosa de la Vida en la Muerte y que en su entrada tiene tallada una Rosa Canina.
Bach eligió la rosa Dog Rose por el esplendor, naturalidad, receptividad y calidez que dirnana.
Esta es la flor emblemática del Centro Bach.


Relación Botánica:


Pertenece a la familia de las rosáceas. Es un arbusto frecuente en los bosques, veredas y espesuras de toda Europa. Puede llegar hasta los 3 metros de alto y es una especie que posee muchas variedades (más de sesenta). Florece desde finales dc primavera hasta el principio del verano y la flores de un color rosado.


Observaciones psicoterapéuticas:


La resignación no debe confundirse con la sumisión al destino. En el síndro­me «escaramujo» esta diferencia es especialmente manifiesta.
La sumisión al destino consiste en entregarse confiadamente en manos del destino porque se reconoce en él el efecto de un orden, una fuerza o un ser («Dios») positivos y sobrehumanos. Con esta postura se puede aceptar la realidad vital tal como es y esforzarse en hacer lo mejor posible con ella. Aunque sé in­tentan realizar dentro de lo posible los propios deseos, se renuncia a ellos cuan­do son imposibles y se modifican con realismo y sin quejas los planes diciendo: «No había de ser!».
La resignación es rehusar al destino pues, a diferencia de la sumisión, que se caracteriza por una postura expectativa positiva, no se tiene ningún interés por lo que alberga. Aunque se acepta la vida sin resistencia, no se la afirma sino que se la deja pasar sin participar en ella y si darle un sentido.


Incluso aunque la resignación no se manifieste de forma extrema y sólo mues­tre una pérdida del ánimo emprendedor o una indiferencia general, es enfermiza y perjudica las funciones corporales, por ejemplo en forma de una mala postura, una columna vertebral debilitada, problemas circulatorios o una sexualidad reducida.
Las personas «escaramujo» típicas, salvo una cierta predisposición que se en­cuentra también en las de los tipos «centaura menor», «Alerce» y «olivo», son el producto de malos tratos psíquicos en la infancia por parte de padres o educa­dores dominantes y egocéntricos. Estos acostumbran a reprimir la competencia que les surge en el niño y le asignan una especie de existencia en la sombra, sin exigencias, «amable» y gris. Así llevado, el niño se acostumbra a reprimir el de­seo de disfrutar de la vida y de autorrealizarse y sin quejas se contenta con lo que se le permite. La pérdida así provocada de su iniciativa natural y de su espíritu emprendedor ensombrece su vida posterior y le convierte en un ser humano in­capaz de «realizar algo».


Las personas resignadas enferman con mayor facilidad que aquellas otras que afirman la vida; por otro lado, una enfermedad grave puede conducir a la resig­nación, es decir, a la pérdida de la voluntad de vivir y de sanar, algo que siempre constituye un mal signo. Lo mismo que se ha explicado para la depresión (véase mostaza silvestre), en el desarrollo de una enfermedad existen cuatro fases esen­ciales: la agresión, en la que se defiende uno con vitalidad contra un factor pa­tógeno, la frustración, en la que esta defensa ya está debilitada, después la de­presión, en la que se bloquea y se dirige contra la propia alegría de vivir y la salud y finalmente, como último estadio antes de la muerte, la resignación, que signi­fica que la persona, rota interiormente, cesa la lucha y está dispuesta a la renun­cia definitiva.


El síndrome «escaramujo» no resulta fácil de superar. En todo caso habría que comprobar siempre si hay alguna enfermedad orgánica (corazón, riñones, siste­ma hormonal) o estados deficitarios (vitaminas, elementos vestigiales) y en tal caso instaurar el tratamiento adecuado. La resignación es muchas veces sólo con­secuencia de una carga psíquica transitoria. Entonces, lo único que hay que ha­cer (mejor con el apoyo de la esencia de flores) es esperar unas condiciones de tranquilidad hasta que la psique, lo mismo que una hierba abatida, vuelva a er­guirse. Por el contrario, la desgana y la falta de iniciativa, que se convierten en base de toda la conducta, resultan mucho más difíciles de abordar. Puesto que sólo raras veces las personas de tipo «escaramujo» logran salir por sí mismas del pantano de su postura resignada ante la vida, lo que significaría la superación del estado enfermizo, suelen necesitar ayuda externa. Un inconveniente es, ade­más, que no colaboran en el proceso de curación. El intento de sacarles de su in­diferencia con consejos alentadores, casi nunca tiene éxito. Incluso aunque se consiga animarles a que emprendan alguna actividad, al poco tiempo suelen per­der el interés y cesan de nuevo en sus esfuerzos.
Las personas de tipo «escaramujo» no pertenecen a esa clase que pueden mantener inconscientemente y sin pensarlo una postura ante la vida fuerte, po­sitiva y, por así decirlo, arraigada. Su tendencia a dejar simplemente que todo pase cuando están bajo un esfuerzo extremo, indica una propensión, aunque en este caso degenerada de forma patológica, a confiarse en el destino. Obtienen con ello lo que necesitan: una relación mejor, más consciente y más personal con él, pues todo lo que viven tiene un sentido. No han podido encontrarlo porque en su autorrealización estaban limitados. Ver un sentido significa también tener una meta y esto, a su vez, hace posible recoger fuerzas y volverse activos. Ese sen­tido se encuentra de manera sencilla viviendo con los sentidos abiertos hacia la propia vida, percibiendo la alegría y haciendo lo que «el corazón nos pide».


Por ese motivo, el tratamiento psicoterapéutico puede resultar útil si la persona de tipo «escaramujo» se vuelve consciente de dónde está bloqueada su autorrea­lización y a qué deseos y anhelos ha renunciado. Cuando se le anima a darse lo que necesita y tomarse lo que le corresponde, es decir, si comienza de nuevo a disfrutar de su vida, despiertan otra vez en su interior los espíritus vitales 

                  
Descripción del estado:


Falta de participación. Apatía. Resignación. Renuncia interna. Desinterés.


Verbalizaciones frecuentes:


“Esto es así, ¿qué le voy a hacer?”, “Soy un fracasado; no hay más que decir”, “No me quejo de mi situación; es como es”, “Mi esposa dice que me paso la vida frente a la tele. Quizá sea así”, “Siempre estoy cansado y sin motivación para hacer nada”, “Me preguntan si estoy vivo o sólo vegeto”, “Nada me hace feliz; realmente, nada ni siquiera me entusiasma”, “Cuando hablo, nadie me presta atención”.</TBODY>
Para recordar: Resignación, apatía.


Estado transformado: Motivación, entusiasmo.


Organos afectados: COLUMNA VERTEBRAL, TEJIDO MUSCULAR, OJOS, BOCA, GARGANTA.


Síntomas asociados: atímia, letargo, abulia, apatía, inexpresión, cansancio, resignación, inapetencia, depresión, melancolía, autismo, esquizofrenia, falta de líbido. Estimulante de la sexualidad.


Claves sintomáticas:  APATÍA, RESIGNACIÓN.


Combinaciones frecuentes con otros remedios


Alerce (6/18): falta de impulso con escasa autoconfianza.
Aulaga (7/18): la resignación total.
Avena silvestre (8/18): falta de impulso por carencia de sentido.
Brote de castaño (10/18): distraído y resignado.
Centaura menor (14/18): resignación por personalidad débil.
Clemátide (17/18): resignación con deseos de muerte.
Genciana (18/20): resignación y voluntad débil.
Hojaranzo (18/22): falta de impulso por sentimiento de sobrecarga.
Leche de gallina (18/24): resignación por conmoción psíquica.
Madreselva (18/25): resignación melancólica.
Mostaza silvestre (18/28): resignación depresiva.
Olivo (18/30): falta de impulso por agotamiento.

 

 

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