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VINE

 

VITIS VINIFERA

VID

 

 


Descripción

La vid es nativa del sudeste europeo y del sudeste asiático. Es un arbusto trepador, con sarmientos que se enroscan en las plantas que lo sostienen. Se extiende hacia los cuatro costados, tomando todo lo que está cerca para ampliar su superficie y su dominio.
La vid que se utiliza para el consumo requiere de más cuidados, aunque igual que la silvestre mantiene el mismo patrón de crecimiento.
Esta es una de las tres esencias que se preparan con flores cultivadas en el sistema Bach, junto con el Cerato y el Olive. Como es muy difícil su cultivo en Inglaterra, en la actualidad se la prepara, en el tiempo de floración, en la Provence (Francia).
La vid junto con el olivo son dos de las plantas más antiguas. Se cuenta que al final dcl Diluvio Universal Noé plantó un viñedo que aún subsiste, porque la Vid vive cientos de años. Una leyenda hebrea cuenta que Noé se embriagó con el vino y quedó desnudo en medio de su tienda, donde fue visto así por sus hijos. Uno de ellos se río (Canaan) y por eso fue condenado por su padre al despertarse. También otro relato cuenta que Noé, bajo los efectos de la embriaguez, fue castrado con una soga para quitarle la autoridad y el poder.


Pero un relato más interesante es el que narra el episodio de la sangre que las vides bebieron. Cuenta el mito que Noé fue tentado por Samael, el ángel caído, para compartir el viñedo y que Noé accedió. Entonces Samael mató un cordero y lo enterró bajo una vid, luego hizo lo mismo con un león, un cerdo y un mono, de modo que las vides bebieron la sangre de los cuatro animales. En consecuencia, el hombre por débil de carácter que sea (cordero) después de beber el vino se jactará de ser fuerte como un león; si bebe con exceso se volverá un cerdo, y si bebe aún más todavía se hará como un mono, tambaleará tontamente y perderá el juicio.
La vid estaba consagrada a Dionisos Tracio y a Osiris, y una vid dorada era uno de los ornamentos principales del Templo de Jerusalén. Era conside­rado el árbol de la alegría, el alborozo y la ira. El mes de la vendimia en la antigua Europa se extendía del 2 al 29 de septiembre e incluía el equinoccio otoñal.

Relación Botánica

Es esencialmente una planta trepadora con zarcillos ramificados, pero se la suele cultivar como arbusto pequeño y dirigido con alambres. Sus flores son pequeñas y verdes, que se arman en densos racimos. En cuanto los estambres maduran dominan la flor para dar paso a sus frutos.

Observaciones psicoterapéuticas

La humanidad puede dividirse en numerosas categorías, entre ellas la de los que guían y los que son guiados. Mientras que los que se dejan guiar tienen siem­pre una cierta sensación de desmayo o de entrega y se ven como pequeñas par­tes subordinadas de un gran todo, los que guían, llevados por un sentimiento de responsabilidad personal, opinan que su vida o incluso el bienestar de la huma­nidad dependen de su actividad.
Dentro de esta categoría está la persona de tipo «vid». No puede dejar que la vida discurra manteniendo una postura pasiva, no puede dejar que todo simple­mente pase o dejarse arrastrar, sino que debe llevar siempre el timón y dar for­ma al mundo desde su óptica.
Las posturas pasiva y activa ante la vida están en un mismo plano de igualdad puesto que se complementan entre sí. ¿Qué podrían hacer si no los caudillos sin sus seguidores y éstos sin aquéllos? ¿Cómo podría transformarse un impulso acti­vo por un lado si no hubiera el equivalente pasivo que cediera en el otro o cómo sería posible el dar si no hay quien reciba? Todos llevamos en nuestro interior las dos predisposiciones: debemos ser hoy activos y mañana pasivos, tomar aquí y dar allí, y todo esto en un constante juego de interacción acorde con la realidad de la vida.
Para poder estar sanos de cuerpo y alma debemos desplegar todas nuestras predisposiciones, posibilidades y tendencias en la medida que lo permitan las cir­cunstancias, es decir, ser tal como somos por naturaleza. Una persona sensible y tímida no puede pretender ser un tipo robusto de rompe y rasga, como tampo­co alguien emprendedor, insensible al dolor y de espíritu práctico, ser un sensible hombre de ingenio. Lo mismo rige para las condiciones sociales: quien no se siente llamado al servicio a sus semejantes deberá desempeñar mejor una fun­ción «egoísta» configurada activamente, y quien ha nacido para guerrero no de­berá hacer el papel de protector. Todas las predisposicones, y precisamente por­que son así, tienen una justificación fundamental y mediante su interacción a un tiempo opuesta y complementaria, hacen posible la existencia de nuestro mundo.


El problema de las personas de tipo «vid» no es su predisposición en sí, sino la medida y el modo en que las despliegan. Siempre que no entren en conflicto con­sigo mismos y su entorno, actúan de forma correcta. Su fuerza de voluntad, sus claros modelos de pensamiento y su tendencia a la tutela, a impartir órdenes o a ser caudillo pueden ser, sobre todo en tiempos de dificultades, benefactores, mantener el orden, salvar lo que vale la pena o imponer lo que sea necesario. Hay situaciones en que el bienestar de una comunidad depende de la concen­tración, la falta de compromiso y la fuerza de voluntad de sus guías. Y en la vida cotidiana —ya sean la familia, la educación, la administración, la política o la vida intelectual—, el espíritu regulador y orientativo de las personas de tipo «vid» es de gran utilidad.


Cuando el sentimiento seguro de caudillaje se independiza y le impulsa a ig­norar las tendencias flexibles de su interior, a reprimir con intolerancia las reivin­dicaciones de otras personas o a modificar de modo caprichoso la realidad de la vida, se vuelve enfermizo y provoca la enfermedad. Lógico y necesario en las si­tuaciones caóticas, ese comportamiento constituye una aberración en condicio­nes normales y hace que cuando la persona de tipo «vid» lo toma por costumbre, se vuelva incapaz para configurar con lógica y flexibilidad la vida.
Si es consciente de su fuerza puede impedir que se convierta en una debilidad generadora de padecimientos, que destruya la vida de los demás y la suya propia, que caiga en el aislamiento social o que pierda la capacidad de percibir y trans­mitir la alegría de la vida.
Los síntomas físicos que aparecen (hipertensión, degeneración articular, trastornos hepáticos, calcificación), el rechazo de sus «víctimas» o sus fracasos son signos de aviso. Su tarea es ser el guía o el maestro recio, seguro, insobornable pero también autocrítico, que simplifique los problemas y con ello los resuelva, que defienda convicciones y las transmita y que encuentre y pueda mostrar los caminos, pero todo ello únicamente cuando se le pida y cuando sea necesario.


Descripción del estado:


Dominante. Desconsiderado. Necesitado de poder. A veces es tiránico. Lúcido para resolver situaciones donde los demás pierden la cabeza.


Verbalizaciones frecuentes:


“Yo estoy aquí para manejar, gobernar y dirigir”, “Tengo problemas con el mandar y obedecer, por eso siempre hay fricciones entre mi jefe y yo”, “En situaciones complicadas siempre me ceden el mando porque soy el único que no pierde la cabeza”, “Negocios son negocios, y hay que ser despiadado si es necesario”, “No pienses, haz sólo lo que te digo”, “Yo sé lo que es bueno para mis hijos, y tienen que marchar al son de mi tambor”, “No me importa la opinión de los demás. En mi casa mando yo”.


Organos afectados: COLUMNA VERTEBRAL, CORAZÓN.
Síntomas asociados hipertensión arterial, estrés, dolores musculares, patologías de la columna, depresión, irritabilidad, psicopatías, perversión.


Claves sintomáticas: DOMINANCIA, INFLEXIBILIDAD.


Combinaciones frecuentes con otros remedios


Acebo (1/37): rabia al contradecirse o equivocarse.
Agua de roca (4/37): la personalidad estricta.
Castaño blanco (11/37): dogmatismo forzado.
Haya (2 1/37): la intolerancia total.
Manzano silvestre (26/37): fanatismo mezquino por la limpieza.
Roble albar (33/37): laboriosidad dogmática.
Sauce (34/37): el tirano de casa amargado.
Verbena (36/37): comportamiento totalmente intolerante.

 

 

 

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