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SWEET CHESTNUT

 

CASTANEA SATIVA

CASTAÑO DULCE

 

 

Descripción


El Sweet Chestnut o Spanish Chestnut proviene del sur de Europa. Es un árbol mediterráneo que prefiere los terrenos arenosos y los climas cálidos. Su crecimiento se ajusta mejor en el sur de Inglaterra.
Se utiliza en parques para la ornamentación y su copa, que alcanza una altura de 20 metros, adquiere una magnificencia especial por sí misma, que se realza al brillo de sus flores que contrastan con el verde intenso de la hojas.
Está representado por el arquetipo de “Muerte y Resurrección”. El Sweet Chestnut siendo talado o viejo renace de la base del tronco, dando lugar a un árbol nuevo. Este renacimiento está simbolizado por el mito de Osiris en el antiguo Egipto. El dios yace en su lecho, cerca de un árbol que representa el eje de la vida, mientras el pájaro Ba, o alma, se aleja con el Shenu, dando lugar al comienzo de la otra vida. Osiris, en calidad de dios de la resurrección, en ejuicio daba a los hombres esperanza de vida en el más allá. Este complejo psicológico no sólo representa la muerte ficticia, sino más bien es una alegoría de un nuevo ciclo de iniciación. Algo debe morir para dar lugar a un nuevo comienzo.


Relación Botánica


Los Castaños son árboles y arbustos dc floración estival de abundante follaje y porte majestuoso con flores y frutos comestibles. Son plenamente resistentes y requieren una exposición soleada o semisombría. La variedad sativa tiene una corteza que con la edad se arruga y cuartea. Las hojas son oblongas y lisas. En verano produce espigas de flores pequeñas de color amarillo crema.


Observaciones psicoterapéuticas


El tema fundamental del síndrome «castaño común» es el «padecimiento cons­ciente». Pero no consiste en infligirse daños de manera masoquista o intensificar aleatoriamente un mal existente, sino que significa tener bien claro que se pade­ce, bajo qué se padece y que no se es inocente de ello. La mayoría de las perso­nas rechazan esta idea pues esto les impondría la obligación de emprender algo contra sus padecimientos y les imposibilitaría actuar como si no pudieran hacer nada.
Pero siempre, ya sea por sus actos o su postura, todo le ha conducido a sus miserias. El padecimiento aparece en principio cuando nos esforzamos en ir en contra de la realidad y queremos tener las cosas distintas a como son en realidad.
Quien aprende a padecer de manera consciente se evita grandes padecimientos afrontando su destino con atención y sensibilidad, corrigiendo desde el co­mienzo los avances negativos y luchando de manera consecuente contra lo desagradable. -
Nuestra vida es como una línea que discurre entre los distintos polos que de­terminan la vida, en un movimiento zigzagueante, puesto que nuestra psique, que quiere mantener el equilibrio interno, a cada desviación del estado ideal personal reacciona con el correspondiente contramovimi~nto. No sólo nos estimula con las frustraciones a corregir de inmediato las frecuentes y pequeñas irregularida­des sino que, en caso de un grave desvío, nos empuja hacia una posición opues­ta extrema.


En el caso de las personas de tipo «castaño común» se trata de la contraposi­ción entre la fuerza y la debilidad, la lucha y la retirada. Por lo general se enfren­tan de manera animosa a sus problemas, los contemplan como pruebas de vali­dación personal y luchan seriamente contra las dificultades y las exigencias de su destino. Algunas veces van demasiado lejos y olvidan que éste, lo mismo que un padre bondadoso con su hijo, sólo les reta a la lucha como un juego para que de­sarrollen sus fuerzas y capacidades. Pero si entonces se le enfrentan en serio o se oponen testarudamente a una realidad que no puede modificarse, les muestra quién es el dueño, transforma su fuerza en extrema debilidad y les empuja hasta el límite de su capacidad de sufrimiento.


Percibiendo de manera instintiva que han llegado a esta situación de un modo más o menos intencionado, dicen entonces: «~Se va a enterar!». En realidad, de­trás de esa postura se oculta una búsqueda interrogativa. La pregunta es: «~Quién eres, Dios? ¡Te reto a darte a conocer!». Para las personas de mentalidad «casta­ño común», que siempre quieren tener el control sobre su propia vida, esta pre­gunta es tan imperiosa porque han perdido el sentimiento elemental de que sólo son criaturas y seres humanos débiles.
Expresado de otra manera, cuanto más fuerte e inflexible se comporta al­guien, tanto más obstinadamente se niega a aceptar lo que le sucede y tanto más le obliga su alma a arrodillarse para conservar el equilibrio interno, llevándole hasta ese límite extremo en el que volverá a reconocer su debilidad y pequeñez humanas. Entonces, ante la falta de salidas y en la desesperación del síndrome «castaño común», reconoce de nuevo la existencia de «Dios» y a menudo de una manera tan absoluta que ya no puede rogar ni rezar. Incluso incapaz de quitarse la vida, percibe su entrega sin condiciones, su absoluta nulidad. La salvación sólo está entonces en la muerte o la purificación.


A este estado irracional puede llegar, en principio, cualquier persona en con­diciones extremas; sin embargo, se produce con preferencia en aquellos que po­seen la citada predisposición. Cuando han llegado a este estado, las palabras ra­cionales de nada sirven pues andan con desesperanza infantil. Sólo con medica­mentos (flores de Bach y homeopatía) y en condiciones favorables se puede con­seguir una rápida mejoría; de lo contrario sólo queda esperar a que la psique re­cupere el estado normal.


El síndrome «castaño común» puede prevenirse tomando en serio las adver­tencias que el alma da en forma de pequeñas derrotas o pérdidas frustrantes, y corrigiendo con su ayuda la postura interna o las circunstancias externas. La fle­xibilidad puede aprenderse si se demuestran irreales los planes. La capacidad de cesión si no puede imponer uno su voluntad, la aceptación del destino si le va a uno mal y el reconocimiento de Dios si se está caído en el suelo.
Descripción del estado: Desesperación muy profunda. Sensación de estar en el límite de lo soportable.


Verbalizaciones frecuentes:


“Mi situación no tiene salida. Ya no sé cómo seguir”, “Estoy tan angustiada que no puedo más”, “Tengo una pared ante mí y no puedo hacer nada más que chocar contra ella”, “Ya no cuento con ayuda ni esperanza para nada”, “Me siento como suspendido en el vacío, a punto de caerme y sin tener dónde agarrarme”, “Ahora sí que no sé cómo va a continuar todo esto”, “Estoy como dentro de un oscuro túnel sin ver nada de luz al final del camino”.


Organos afectados:  ESTÁ COMPROMETIDO TODO EL CUERPO CON MARCADA EXCITACIÓN DE LA CORTEZA CEREBRAL.


síntomas asociados: angústia aguda y existencial, depresión, alteraciones cardíacas y respiratorias, naúseas, mareos, desordenes alimenticios, adormecimiento corporal parcial, hiperestesias, dolor extremo, cenestesias, sensación de morirse o estar empezando una fase de locura


claves sintomáticas: DESOLACIÓN, ANGÚSTIA EXTREMA.


Combinaciones frecuentes con otros remedios:


Aulaga (7/12): absoluta desesperación.
Cerasifera (12/15): desesperación por estrés emocional.
Leche de gallina (12/24): desesperación por conmoción psíquica.
Olmo (12/31): desesperación por sobreesfuerzo.

 

 

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