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ROCK ROSE

 

HELIANTHEMUM NUMMULARIUM

HELIANTEMO

 

 

 



Descripción


Esta es una de las esencias que integran el Rescue Remedy. Bach lo llamó el “remedio de la salvación” y lo eligió para ser usado por personas que atraviesan o atravesaron situaciones peligrosas.
Bach relata que la primera vez que lo utilizó fue para asistir a un náufragos que permanecieron varias horas en las heladas costas de Norfolk. Esta flor se localiza en la parte sur de Inglaterra, en terrenos altos, secos y rocosos. Su nombre botánico deriva del dios griego Helios y la palabra latina para denominar moneda. Y Rock Rose es como una moneda brillante de cara al sol.
Existe una leyenda en torno al heliantemo. Se supone que si se juntan sus hojas doradas y sus semillas en una bolsa, en Navidad, esto traerá fortuna quien lo haga. Hay que recordar que esta fecha coincide con el solsticio y vincula en la mitología celta con el fuego. Las hojas y las semillas del heliantemo son vistas como una emanación del fuego solar en uno de sus puntos críticos
Se le atribuye el ser una planta que tiene la virtud de ayudar a descubrir los “tesoros ocultos” y proteger con la fuerza ígnea al sujeto de la parálisis.
En Grecia, el heliantemo era una planta consagrada a Esculapio,


Relación Botánica


Es un arbusto perennifolio de porte extendido de lO a 15cm de altura muy resistente. Tiene hojas pequeñas, oblongas, de color gris claro. En verano produce flores de color amarillo con el centro naranja, dispuestas ramilletes.


Observaciones psicoterapéuticas


El estado de «heliantemo » surge, lo mismo que cualquier forma de miedo, porque un exceso de energía psíquica y física de defensa no puede transformarse y realizarse en acciones lógicas, de modo que se acumula en el interior. Con ello se perturba la actividad mental normal y en consecuencia se pierde la cabeza y so­breviene el pánico.
Esos estados son desencadenados por acontecimientos ante los que no se está preparado. Puesto que, desde un punto de vista biológico, una sorpresa significa un peligro potencial, el organismo reacciona con una inmediata movilización de energía adicional para defenderse o poder salvarse huyendo. Si lo consigue y ha pasado el peligro, vuelve a su estado normal. En caso contrario, la energía de­fensiva se acumula y se convierte en pánico.


El bloqueo se produce porque la persona afectada ha planificado y asegurado en demasía su vida, de modo que no queda juego para las situaciones de emer­gencia, o porque a causa de malas experiencias se encuentra en un estado de hipersensibilidad temerosa frente a determinadas circunstancias de la vida y reaccio­na, lo mismo que sucede en una alergia, con una defensa excesiva.
Por consiguiente, hay dos tipos de personas que caen fácilmente presas del pá­nico: los cerebrales inmovilistas que todo lo planean y controlan, y que pierden la visión general cuando se encuentran de pronto en situaciones para las que no poseen ningún esquema racional de comportamiento y explicación, y las personas sensibles y lábiles (los típicos « heliantemo »), que viven en un permanente y pro­fundo temor y que por eso se descontrolan con rapidez ante sucesos inesperados y que a ellos les parecen amenazadores. Aquello que le sobra al cerebral, un do­minio racionalmente planificado, le falta al sensible.


En el fondo ambos padecen un temor a la vida que les mantiene en jaque, que aumenta enormemente ante condiciones de excepción, lo mismo que sucede con la alergia, y que puede generar pánico. Su razón, incapaz de desarrollar una idea flexible y real de la vida en la que también tengan lugar los elementos irra­cionales del destino y que se encuentra sobrecargada con las pequeñas estrate­gias de la supervivencia cotidiana, se desbarata: «pierden la cabeza». En este es­tado se hacen cargo del control los sistemas inconscientes de regulación, que se basan en reacciones primitivas animales.


Esto sucede especialmente en los accidentes (que son algo no previsto). Con los fundamentos conscientes de su existencia conmocionados, la brusquedad inesperada o la gran intensidad paralizan su control habitual de la vida y destru­yen su visión global. El afectado ya no sabe qué debe hacer; se queda rígido, como expulsado a ese «cráter de bomba» doloroso y mediado por el destino que ha roto su hermoso mundo; está paralizado o reacciona en una loca huida.
Quien caiga en un estado tal debería intentar, calmándose o resguardándose, alejarse del factor desencadenante para que su psique vuelva a encontrar el or­den. El suceso espantoso también puede neutralizarse a veces contraponiéndolo a su aspecto positivo, por ejemplo compensando una mala noticia con una pers­pectiva positiva.


Las personas en estados de «heliantemo » intensos necesitan una guía externa transitoria. No se les debe cargar con problemas cotidianos sino que deben tener la oportunidad de ir hacia su interior y encontrar un nuevo punto de arranque para su vida. En casos extremos puede ser necesario recurrir a los medicamen­tos que rompan con violencia el bloqueo patológico.
Lo bueno seria, básicamente, prevenir esos estados de pánico aprovechando de manera consciente las sorpresas cotidianas, para ejercitar con ellas la flexi­bilidad, la presencia de ánimo y la seguridad. Lo fundamental es ser abiertos y aceptar el destino, puesto que quien nada espera no puede desilusionarse, quien está preparado para aceptar todo no puede perder los estribos, quien permite manifestarse a sus sentimientos éstos no le vencerán y quien se acomoda a sus temores, sus malas experiencias y sus debilidades no caerá víctima de ellas.
Para quien pueda tomarse con ligereza la vida, ésta no será nunca un caso grave y demoledor

.
Para adoptar esta postura hay que tener siempre bien claro que no podemos panificar ni garantizar nuestra vida, dirigirla ni comprenderla. No nos hemos crea­do a nosotros mismos, no podemos determinar nuestro destino y comprende­mos muy poco del misterio de nuestra existencia. Pero suponemos que hay una fuerza, un orden o un ser («Dios») que puede configurar tan bien y con tanta ló­gica lo que no sabemos y entendemos como lo que diariamente nos llena de ad­miración, gratitud y respeto.


Descripción del estado: Estados de miedo extremadamente agudos. Sentimiento de terror y pánico.


Verbalizaciones frecuentes:


“Sufro muchas veces de estados de pánico y se me humedecen las manos, me ahogo y tengo taquicardia”, “Hablo de noche por las pesadillas que me acosan, y el corazón parece querer salírseme por la boca”, “No pasó nada en el choque que tuvimos, pero el miedo todavía me paraliza”, “Me siento constantemente amenazada, tanto mental como físicamente. Como si estuviera en peligro constante”, “Me siento a merced de poderes que no puedo controlar ni manejar”, “Escuché los tiros en el parque y las piernas no me respondían para caminar. Parecía clavada en el suelo”.


Para recordar: Terror, panico, miedo extremo, pesadillas infantiles. Cualidades: Animo, trascendencia.


Organos afectados: MUSCULOS, CORAZÓN, ESTÓMAGO, INTESTINO, RIÑONES, OIDOS, GARGANTA, CUERDAS VOCALES, PIEL, ENDOCRINOLOGOGÍA.


síntomas asociados: histerias de conversión, temblores, rigidez, parálisis muscular, vómitos, stress, taquicardia, exceso de transpiracion, disnea, confusión mental, ansiedad, angústia, pesadillas infantiles, fobias agudas, insomnio, neurosis de guerra y traumáticas.


Claves sintomáticas:  PÁNICO, HORROR.


Combinaciones frecuentes con otros remedios


Agrimonia (3/35): agarrotamiento en el pánico.
Álamo temblón (5/35): pánico de miedo total.
Castaño común (12/35): desesperación por miedo cerval.
Cerasifera (15/35): pánico con riesgo de perder la razón.
Clemátide (17/35): tendencia al desmayo en caso de pánico.
Escleranto (19/35): incapacidad de actuar debido al pánico.
Impaciencia (23/35): intranquilidad cercana al pánico.
Leche de gallina (24/35): conmoción psíquica con pánico.
Mímulo (27/35): miedos con tendencia al pánico.
Olmo (31/35): pánico en caso de estrés.

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