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RED CHESTNUT

 

PINUS SYLVESTRIS

CASTAÑO ROJO

 

 

Descripción


EL Red Chestnut es el resultado de un híbrido casual entre Horse Chestnut y el American Red Buckeye. Los especialistas no saben por qué, pero esta nueva especie prosperó. Es registrada por los botánicos a partir de 1820. Es un árbol débil y sufre un envejecimiento prematuro. Crece en toda Gran Bretaña y se lo planta para ornamentar avenidas y parques, ya que cuando florece lo hace en un espectacular rosa profundo que va hasta cl rojo.
En la campiña inglesa se cuenta acerca de este árbol una historia sin guiar. Su debilidad y su rápida decaída vital se deben a que absorbe la fuerza y la energía negativas de todo lo que lo rodea. Se dice que es uno de los árboles sensibles” que sufren y lloran por las desgracias de las personas que están cerca o que hablan con ellos.


Relación Botánica


Generalmente se lo conoce como Castaño de las Indias Rojo. Pertenece a la familia Hipocastanáceas. Puede llegara una altura de 25 metros. Fructifica desde mediados de verano hasta principios de otoño. Sus flores son de color rojo y se contrapone al resto de los miembros de su familia botánica, que se caracteriza por estar integrada por árboles y arbustos resistentes.


Observaciones psicoterapéuticas


La persona de tipo «castaño rojo» es sensible y posee una viva fantasía. Por ese motivo, bajo la influencia de vivencias desagradables se desarrolla su típica postura expectante y temerosa, que no la refiere a sí mismo sino que la transfie­re a otras personas en forma de preocupación. En cualquier inquietud existe un elemento humano positivo; la solidaridad con el destino de los semejantes y, al mismo tiempo, el deseo de que les vaya bien. En circunstancias naturales y sanas esto significa que se preocupa uno para al­guien mientras que en condiciones patológicas se preocupa uno por alguien.
En el primer caso se le apoya de forma eficaz y se está a su lado mientras se puede. Se tienen entonces en cuenta las propias posibilidades y limitaciones y se guarda uno de dejarse afectar y enfermar por la problemática ajena, puesto que cuando el sentimiento solidario hacia otras personas se transforma en una compasión desamparada, el dolor se duplica y disminuyen las perspectivas de una mejoría. Para poder ayudar de un modo eficaz no puede quedar uno sufrien­do o dependiendo de otras ayudas.


En el segundo caso, y naturalmente de un modo inconsciente, se proyectan los propios males y miedos al destino de otra persona, que para ese fin se retra­ta de modo negativo: se preocupa uno por ella. Esta forma de preocupación es inútil y carece de sentido porque no tiene consecuencias positivas, no propor­ciona una ayuda real y no hace desaparecer el dolor. Su función principal es abrir una vía de salida al propio dolor y a la autocompasión para evitar el penoso en­frentamiento a las propias mentiras ante la vida. No hace falta preguntarse por qué se padece, que habría que cambiar en nuestra vida o por qué se esperan tan­tas cosas negativas del futuro, sino que la propia percepción negativa de la vida se vive en un terreno ajeno y al mismo tiempo se entrega uno de forma maso­quista al dolor generado artificialmente, por haber surgido de una especulación sobre el futuro.
Si se preocupa uno por alguien se vive su propio pesimismo, con lo que se consigue un cierto distanciamiento. En lugar de ser conscientes de que en el fon­do se padece por los propios temores, se cree que se trata del bienestar de los demás. De este modo vuelve a confirmarse lo de que lo enfermo sólo puede ge­nerar enfermedad.


La postura enfermiza, temerosa y pesimista de la persona de tipo «castaño rojo» vuelve a generar pesimismo y temor en forma de una preocupación. Pero diagnosticarlo es muy difícil porque se considera moralmente elevado preocu­parse por los demás. ¿Quién podría admitir que su preocupación aparentemen­te desprendida es una expresión de su miedo ante la vida y una desviación?
El problema fundamental en la postura de «castaño rojo» consiste en que se ig­nora una verdad fundamental de la vida. Es el hecho que observamos de modo cotidiano de que no nos está dado comprender el secreto de nuestra vida y que no estamos en condiciones de juzgar correctamente nuestro destino. Nuestras ideas del «bien» y el «mal» son inadecuadas porque se orientan en exceso a ventajas manifiestas y no son más que expresión de nuestra visión limitada. Esto rige en particular para nuestras expectativas de futuro: ¡cuántas veces ha vivido uno ya que unas circunstancias en apariencia catastróficas resultan después ser pro­videnciales! Pero entonces hemos comprendido que ahí se manifiesta un miste­rioso poder, orden o ser que evidentemente sabe mejor que nosotros lo que nos es bueno.
Es lógico que esperemos algo bueno del futuro desconocido o que temamos algo malo. Pero todo esto no ejerce ninguna influencia sobre el mismo futuro pues «será lo que ha de ser», pero sí, y esto es lo decisivo, sobre la actualidad en la que sentimos y sufrimos. De este modo podemos determinar en un cierto gra­do el que imperen en nosotros los sentimientos alegres o tristes. Aunque no to­dos los males pueden evitarse, sí aquellos que nosotros mismos generamos con unas expectativas pesimistas y una negatividad ante el destino, incluyéndose en este aspecto la preocupación inútil y negativa.


En la persona de tipo «castaño rojo» no se basa sólo en falta de confianza en el destino o en «Dios», sino en la falta de sinceridad con uno mismo. Se horrori­za de admitir la verdad sobre su comportamiento: que no vive correctamente su vida, que él mismo ha creado los temores bajo los que padece, que con ello mo­lesta y sobrecarga a sus «víctimas», sobre todo a sus hijos, que se inmiscuye en su vida y que incluso les contagia su costumbre enfermiza.
La solución al problema está en él mismo. No se trata de convencerse con ar­gumentos razonables de que una determinada preocupación carece de motivo sino de encontrar una nueva postura ante la vida, es decir, confiar en la vida y buscar el destino o «Dios». Deberá aprender de nuevo a que, en el fondo, su vida es una cadena ininterrumpida de sucesos positivos, porque hacen madurar a la persona, aunque se sufra con ellos. Deberá dejar a un lado sus preocupaciones y expectativas negativas y experimentarlas de modo consciente, para poder darse cuenta de los infundadas y ridículas que son. Y deberá acostumbrarse a decir: ¡todo irá bien!


Descripción del estado: Temor excesivo por lo que pudiera sucederles a los seres queridos.


Verbalizaciones frecuentes:


“No puedo dormir por la noche si mis hijos no han vuelto a casa”, “Siempre que mi hijo adolescente sale, temo que algo malo le pase”, “Me dicen que estoy demasiado apegada a mi hija”, “No me están diciendo la verdad: seguro que pasó algo malo”, “Ese lunar, ¿no será algo maligno?”, “Me preocupo mucho más por el bienestar de los demás que por el mío propio”, “Creo que aún no pude cortar el cordón umbilical con mi madre”, “Vivo la vida de mi marido como si fuese la mía”.


Para recordar: Temor excesivo por otros.


Estado tranformado: Calma.


Organos afectados: SISTEMA CIRCULATORIO, ARTERIAS, PIERNAS, TOBILLOS, PIES EINTESTINO.


Síntomas asociados: Etapa de destete, puerperio, duelos, separaciones, hermanos gemelos y mellizos, adaptacion escolar, insomnio, neurosis obsesiva, hipertensión arterial, ansiedad, cansancio, vínculos simbióticos, miedos a que seres queridos sufran un accidente.


Claves sintomáticas: PREOCUPACIÓN EXCESIVA POR LOS DEMÁS


Combinaciones frecuentes con otros remedios


Achicoria (2/13): el autosacrificio total.
Agrimonia (3/13): preocupación secreta.
Álamo temblón (5/13): preocupación general acompañada de temores.
Castaño blanco (11/13): ideas preocupadas.
Centaura menor (13/14): desprendimiento lleno de preocupación.
Cerasifera (13/15): preocupación devastadora.
Impaciencia (13/23): intranquilidad preocupada.
Leche de gallina (13/24): excesiva preocupación debido a malas experiencias
Mímulo (13/27): exceso de atención temerosa.
Mostaza silvestre (13/28): depresión preocupada.
Olivo (13/30): preocupaciones desmoralizadoras.
Pino albar (13/32): preocupaciones por mala conciencia.
Tamarilla (13/35): preocupaciones con pánico.

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