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MUSTARD

 

SINAPSIS ARVENSIS

MOSTAZA SILVESTRE

 

 



Descripción


Esta especie no es la mostaza que se utiliza en forma comestible, sino que es el “Charlock” o vulgarmente llamada “Hierba mala”.
Fue descrita botánicamente en el siglo XVI. Es un "yuyu" común y gran dolor de cabeza para los labradores, ya que se mezcla con la cosecha e interfiere en los cultivos.
Sus flores amarillas se esparcen en densos racimos como queriendo tocar el sol y alcanza una altura de 80 cm.
Esta planta posee una extraña característica: mientras la tierra no es removida permanece debajo de ésta, latente, esperando que el suelo sea preparado para el cultivo, y en cuanto lo es, crece vigorosamente.


En muchas comunidades labriegas de Europa se suele decir que este yuyo es el “diablo de los sembrados”. Cuentan que la tierra egoísta no quiere fructificar y entonces le pide al “Charlock” que ahogue al trigo o los cereales. Vale la pena recordar que el nombre de la mostaza silvestre también significa “chamuscarse con un abrazo apretado?.


Relación Botánica


Perteneciente a la familia Crucíferas. Es una planta anual o bianual que crece en los bordes de los caminos y los lugares baldíos de toda Europa. Puede llegar a una altura de 50cm y florece desde mediados de primavera hasta principios de verano. Su flor es de color amarillo.


Observaciones psicoterapéuticas


Se distinguen en medicina básicamente dos formas de depresión: la reactiva y la endógena. La primera es una reacción negativa, comprensible para el mundo exterior, ante circunstancias desagradables de la vida, que vuelve a desaparecer cuando cambia la situación. La depresión endógena (similar al síndrome «mosta­za silvestre»), por el contrario, no se comprende ni puede influirse sobre ella de un modo directo; se la ha dado este nombre porque surge de las mayores pro­fundidades de la psique. «Endógeno» significa en medicina que no pueden en­contrarse causas externas ni equipararse, algo que a menudo se designa errónea­mente con el concepto de «sin motivo».
Por supuesto que también la depresión endógena tiene su motivos desenca­denantes, pero se encuentran tan profundamente enterrados en el subconsciente que incluso la persona afectada no tiene acceso a ellos. Esto por sí solo indica ya lo grave que son, pues la psique nos protege, empujándolas, de aquellas impre­siones, emociones y conocimientos que nos sobrepasan psíquicamente y que nos destrozarían si fuéramos totalmente conscientes de su significado. Libera a la conciencia sólo aquello para lo que estamos maduros y podemos asumir; todo lo demás lo empuja hacia el subconsciente. De todas las maneras hay contenidos psíquicos que representan verdades tan importantes que, aun cuando represen­tan una grave sobrecarga, no los podemos expulsar del todo. Intentan de forma constante salir a la conciencia y mejorar nuestra vida; si no lo consiguen desen­cadenan las depresiones.


Para entender la esencia de la depresión hay que saber cuáles son el lugar y la función que ocupan en el desarrollo de una enfermedad:
•              Cuando se amenaza, impide o reprime a una persona en un desarrollo libre y alegre de la vida, como defensa vital despliega una agresión que se manifies­ta en un aumento de la actividad, un incremento de la autoafirmación y a me­nudo, incluso, en reacciones violentas. En esta fase dominan la espontaneidad y una cierta inconsciencia. La persona lucha de forma inocente por sus dere­chos vitales como un animal salvaje y en principio todavia está sana.
•              Si en esa autoafirmación espontánea y agresiva se le impide o reprime apa­rece la frustración, que mediante la presión del dolor conduce a una reacción defensiva más intensa y a la corrección de circunstancias negativas de la vida o posturas falsas. En esta fase, que caracteriza al comienzo verdadero de la enfermedad, el alma y el cuerpo han perdido su armonía natural y presentan los más diversos trastornos psicosomáticos. La curación requiere una consi­derable conocimiento de uno mismo y una confrontación consciente con las circunstancias generadoras de la enfermedad.
•              Si se ignora la frustración o se la reprime, crece hasta convertirse en una de­presión, que va acompañada de una considerable presión doliente y una re­ducción clara de la fuerza vital disponible, una disminución de las funciones defensivas, graves trastornos funcionales físicos o inicio de degeneraciones or­gánicas. La curación en esta fase sólo es posible si se plantea uno el sentido de la vida y se encuentra una respuesta que garantice una mayor alegría de vivir y autorrealización
•              Si no puede superarse la depresión, con el tiempo se desarrolla la resigna­ción. Se diferencia de la anterior, que sigue siendo expresión de una fuerte lucha interior, por un agotamiento creciente de la fuerza vital. El afectado se conforma con su infelicidad sin encontrar en ella un sentido ni un signifi­cado personal. Según su intensidad, este estado desemboca en un padeci­miento crónico con fases de curación ocasionales pero insuficientes, o bien conduce a la muerte como expresión de la desesperanza. La curación en este estadio peligroso sólo es posible por medio de un «milagro», es decir, el cam­bio al azar de las circunstancias vitales o un «grito a la vida» que surja del fon­do irracional del alma.


La depresión, pues, es ese estado peligroso a partir del cual se desarrolla la re­signación, la pérdida de la voluntad de vivir, y por el que el alma da su último y gran aviso de alarma antes de retraerse de la vida.
¿Qué es realmente la depresión? El nombre lo dice: un hundimiento que pro­voca tristeza y decaimiento. ¿Y qué es lo que se deprime? o bien planteado de una forma positiva: ¿cómo pueden cambiarse o hacerse desaparecer la tristeza y el decaimiento?
La respuesta es sencilla: ¡mediante la alegría de vivir!


Pero al plantearnos esta cuestión se nos recuerda lo poco que cuidamos y atendemos a la alegría de vivir. Al no imponernos cargas pesadas, ya que no nos hace ricos, famosos o poderosos, la pisoteamos y la sacrificamos con facilidad, la consideramos algo accesorio o de escaso valor. Sin embargo, al ser el funda­mento de nuestra existencia, ya que sin ella no podrían existir el alma ni el cuerno, si no la colocamos en un primer plano de nuestros sentimientos, pensamientos y acciones por nuestro propio interés, se transformará én padecimiento y dolor para aclararnos expresamente que hemos cometido un crimen básico e imper­donable con nosotros mismos.
Puede que estas palabras suenen muy patéticas. Pero en realidad todo el mun­do sabe por propia experiencia dolorosa que son verdad, pues ¿no significan nuestros dolores y males otra cosa que ausencia de alegría? ¿No aparecen la tris­teza y la depresión porque nos falta algo que no deja que el Sol brille en nuestra vida? Por muchas tesis morales o filosóficas y consignas ideológicas o idealistas que tomemos para expulsar la alegría de nuestra vida, la nostalgia que nuestra alma siente hacia ella no se puede extirpar. Mientras que quede insatisfecha nos causa dolor.


Este hecho, que en realidad es el recuerdo de un conocimiento que todos poseemos, es decisivo para comprender y vencer la depresión. La receta es sencilla: quien está depresivo rehúsa algo que podría darle alegría de vivir y debe volver a gozarlo.
Sin embargo, seguir esta receta requiere a menudo superar considerables y muy dolorosas resistencias, sobre todo por parte de la moral y del senti­miento de culpa, por lo que a muchos no les parece viable. Prefieren aneste­siarse con alcohol o drogas, se evaden con distracciones o el trabajo, se enga­ñan con una moral elevada o intentan quitarse su vida insoportable, en resumen, abusan de la fuerza con la que podrían liberarse para encerrarse todavía más en su prisión.
Pero al estar dirigida contra la vida, la depresión es un fenómeno de extraor­dinaria violencia. Será tanto más grave cuanto más radicalmente alguien falle a su alegría de vivir. Al ver a las personas depresivas, agotadas y quemadas, no se imagina uno la enorme autoviolación que han cometido consigo mismos, a me­nudo durante años. Se han destrozado en la lucha interna entre esa fuerza que desea alegría de vivir y autorrealización y la que se lo impide.


Si se analiza de dónde procede esta fuerza negativa se ve que es sobre todo el resultado de una intervención violenta a la que se da el nombre de «educación». El ser humano aprende muy temprano que no tiene ninguna posibilidad de supervivencia si sigue de manera demasiado di­recta y desinhibida su impulso de alegría de vivir. Por eso se acostumbra a repri­mirlo y a hacer propios esos «ideales» que se le ofrecen bajo amenaza de un cas­tigo. En el curso del tiempo la obediencia y la renuncia se convierten en una segunda naturaleza, pues le ahorran el conflicto con un entorno que le hace exi­gencias sin escrúpulos; al final incluso su propia alegría de vivir le resulta sospe­chosa porque se le ha inculcado a la fuerza que es egoísta, inmoral y asocial. Con esta perversión de los valores, sin embargo, desaparecen sus posibilidades de te­ner una vida completa y feliz.
A menudo sería mejor que opusiera resistencia para reducir el peligro, pues mientras que luchamos de alma y corazón por lo que nos es importante, ya en­contramos alegría de vivir.
En el caso de la depresión de tipo «mostaza silvestre», el deseo de alegría de vivir ha sufrido una fuerte represión. Por ese motivo requiere un gran trabajo ex­plicativo para volver a liberar las nostalgias rechazadas y hacerlas conscientes. En primer lugar se trata de que la persona de tipo «mostaza silvestre» vuelva a vivir la alegría, que, por así decirlo, «se sienta a gusto». La esperanza y la nostalgia, no apagadas del todo, volverán entonces a despertar y le llevaran por el camino de la liberación. Pero es él mismo quien ha de hacerlo, nadie puede hacerlo por él. Deberá romper sus ataduras y liberarse de sus ideas, convicciones y costumbres que niegan la vida.


Para poder animarle, sobre todo con el propio ejemplo, hay que atreverse a disfrutar de la alegría de la vida. Dado que la mayoría de los terapeutas profesio­nales colocan en un primer plano de su vida el deber, la riqueza, la fama, el po­der o una moral ajena, no son los más indicados. La mejor ayuda le puede venir al ser humano de tipo «mostaza silvestre» de un corazón alegre y sin complica­ciones o bien de la naturaleza, que en los animales y plantas, en los colores y aro­mas, nos muestra constantemente qué es la alegría de vivir.


Descripción del estado:


Depresión melancólica profunda, cíclica y sin causa aparente. Aparece durante un determinado período de tiempo y luego vuelve a desaparecer.


Verbalizaciones frecuentes:


“Sufro de depresión, pero no me preguntes por qué; de pronto me pongo contenta y de pronto lo veo todo negro”, “Es como si hubiera perdido algo importante, pero no sé qué”, “Tengo familia, casa, dinero... no sé qué me pasa, no puedo entenderlo; no tengo ganas de hacer nada, todo me es indiferente”, “Sólo me atrae quedarme en la cama”, “No sé para qué vivo; nada me atrae ni me estimula. Sería mejor para mi familia y para mí que estuviera muerta”, “Sólo soy una carga para mí y para los demás”, “Me siento como dentro de un pozo negro”.</TBODY>
Para quienes estan expuestos a periodos de tristeza o aun de desesperacion, como si una nube fria y oscura los envolviera en su sombra y ocultara la luz y la alegria de vivir.


Para recordar: Depresion profunda.


Estado transformado:  Animo, confianza.


Organos afectados: GLÁNDULAS HORMONALES, APARATO REPRODUCTOR, SISTEMA DIGESTIVO, SISTEMA NERVIOSO CENTRAL.


síntomas asociados:


Depresión endógena, tristeza, melancolía, disminución perceptiva, desbalance hormonal, cefaleas, pérdida de deseo, insomnio, alteraciones digestivas, síndrome premenstrual, menopausia y amenorrea, marcada alteración en el peso corporal.


Combinaciones frecuentes con otros remedios:


Achicoria (2/28): depresiones por amor insatisfecho.
Álamo temblón (5/28): depresiones con temores.
Aulaga (7/28): depresiones por desesperanza.
Avena silvestre (8/28): depresión por falta de sentido.
Brezo (9/28): depresión por rechazo o soledad.
Castaño rojo (13/28): depresión con preocupaciones.
Escaramujo (18/28): resignación depresiva.
Escleranto (19/28): frecuentes cambios de humor.
Genciana (20/28): desazones y depresiones.
Leche de gallina (24/28): depresiones por trauma psíquico.
Madreselva (25/28): depresión por pérdida.
Olivo (28/30): depresión por agotamiento o agotamiento con depresión.
Pino albar (28/32): depresión por sentimientos de culpabilidad.
Sauce (28/34): depresión por amargura.
Violeta de agua (28/38): graves trastornos depresivos para la toma de contactos.

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