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ALERCE

 

 


Descripción


Este árbol fue traído a Inglaterra a principios del siglo XVII y fue cultivado específicamente para la explotación comercial. Es nativo de Europa central desde los Alpes a los Cárpatos y se usa mucho como árbol ornamental. Por la dureza de su madera es muy preciado en carpintería.
Crece hasta los 40 metros de altura y su punta es corva y sus flores cuelgan lánguidamente hacia abajo sobre las ramas. En invierno se ve debilitado, desnudo y doblado.
En los Cárpatos se acostumbraba a enterrar a los muertos con la ropa sin abotonar para que el alma no se sintiera aprisionada. También se creía que una rama de alerce ayudaba al muerto a tener fe en sí mismo para defender sus obras y sus realizaciones y aun justificar sus pecados.


Relación Botánica


Es una conífera caducifolia de rápido crecimiento, con copa cónica en los ejemplares juveniles, que se abre paulatinamente a medida que madura. Es muy resistente y sus brotes son de color amarillo en invierno. Posee hojas de color verde claro. Forma bosques en las zonas montañosas. Florece desde principios de invierno hasta principios de primavera.



Observaciones psicoterapéuticas


La modestia se considera con razón como una virtud. De todas las maneras no consiste, como muchos creen, en la renuncia y el retraimiento artificioso sino en ocuparse y tomar sólo aquello que le corresponde a uno y para lo que se está dotado, no de más, pero tampoco de menos. Las personas con modestia natural se cuidan de lo desmesurado lo mismo que de las renuncias innecesarias, puesto que saben que tanto el exceso como la falta no sólo hacen imposible un orden justo en nuestro mundo sino que, sobre todo, crean infelicidad. El alma reacciona siempre con frustración, dolor o pena cuando hay algo en la vida que no cuadra.
En los seres humanos con la mentalidad de tipo «alerce» que podría designar-se como una falsa modestia frente a la vida y al mundo, esto puede observarse con especial claridad. Están frustrados o son infelices porque no se atreven a ha­cer lo que realmente podrían, porque renuncian sin necesidad a posibilidades y derechos que poseen. Se asustan con timidez ante cualquier empresa que podría serles de utilidad y reforzar su autovaloración. Con ello se evitan, desde luego, los fracasos pero al mismo tiempo las vivencias del éxito, sin las cuales ningún ser humano puede vivir a la postre, de modo que se les podría decir eso de que «quien no arriesga no gana».


Al comportamiento de tipo «alerce» tienden sobre todo las personas muy in­dividualistas pero al mismo tiempo fácilmente influenciables y que por eso a me­nudo caen en un conflicto entre su peculiaridad personal y las normas que se les exigen. Bajo la influencia de personalidades fuertes pueden perder la confianza en su propio valor y pasar a dudar de la corrección de sus ideas y actos. Lospa­dres o los educadores a los que les falta la visión de la relatividad de todos los va­lores y una autocrítica sana, desempeñan aquí un papel muy triste al considerar que ellos y sus opiniones tienen validez general, provocando en los hijos que tie­nen dotes distintos a ellos el sentimiento perjudicial de no valer para nada.
Esos sentimientos de inferioridad son mucho más peligrosos de lo que se cree pues entierran la capacidad de vida. En última instancia depende de la autocon­fianza personal que alguien pueda percibir las posibilidades que le brinda la vida y aprovechar los derechos de los que depende su supervivencia. La certeza interna de poder llevar a cabo sus tareas es el requisito previo para cualquier éxito. Quien no sabe de antemano que puede hacerlo ya ha renunciado y ha perdido. También puede observarse en la naturaleza cómo en la lucha entre dos rivales muchas veces no es el asp

ecto físico sino el psíquico el que resulta decisivo, y cómo el con­trincante que percibe la superioridad del otro abandona el campo sin luchar.
Si se considera uno de menor valor, demasiado débil o incapaz, se tiene mie­do del fracaso, o sea de un suceso que tendrá lugar en el futuro. Puesto que en las personas de tipo «alerce» este temor surge de la base de una autoconciencia insuficiente, debería conocer mejor sus límites y posibilidades, definir con mayor claridad su posición en la lucha de competencia humana y desarrollar sólo aque­llos apropiados a su sistema de valores.
Esta construcción de una autoconciencia propia, que sólo puede hacerse a pe­queños pasos, debería estimularse desde el exterior ya que siempre se encuentra en íntima relación con el entorno social competidor. La persona de tipo «alerce», para volver a estar sana, debería darse cuenta que cuando actúe en el lugar co­rrecto y a su propio modo tendrá éxito y que los fracasos están determinados fundamentalmente por la situación y que en modo alguno puede generalizarse. Hay que tener en cuenta a este respecto que el «valor inferior» que padece es por regla general totalmente subjetivo y que, por consiguiente, puede superarse con raciocinio y lógica. Lo mejor son vivencias inmediatas en las que surja de pronto una verdad viva. Así, a menudo es suficiente con un único éxito impresionante para que la persona de tipo «alerce» vuelva a llenarse de autoconfianza.


Pero en la recuperación moral de la persona de tipo «alerce» debe tenerse tam­bién en cuenta al cuerpo. La columna vertebral es uno de los órganos más impor­tante~ para la autoconciencia. Creer que se es incapaz o de escaso valor impide mantener una postura erguida, lo que significa por otro lado que con la espalda encorvada no es posible una sana confianza en uno mismo. La conciencia física puede servir de gran apoyo al proceso psíquico.
Por otra parte, muchas de las «personalidades» en apariencia autoconscientes, sobre todo de miembros de la familia, amigos, terapeutas o ayudantes notorios, construyen su sentimiento de autovalor precisamente sobre la debilidad de per­sonalidad de las personas de tipo «alerce». Convendría que verificaran su propia confianza a este respecto y en caso necesario iniciaran también un tratamiento de «alerce», o que al menos evitaran rebajar a los demás para aparecer ellos mis-mos fuertes. Un reirán chino dice muy acertadamente: «No es necesario que apa­gues la luz de los demás para que la tuya brille».


Descripción del estado:


Sensación de inferioridad. Falta de confianza en sí mismo. Desvalorización de sus posibilidades.


Verbalizaciones frecuentes:


“Sé que nunca voy a tener éxito, así que ni pruebo”, “No puedo... no sé...”, “Siendo mujer, de cualquier forma tengo menos posibilidades”, “Me gustaría intervenir en la mesa redonda, pero sé que me voy a encallar”, “Todos mis compañeros juegan mejor que yo”, “Cuando tengo que dar una clase, primero me tomo una copita para darme coraje”, “Me desaliento al mínimo error que cometo”, “Cuando estoy frente a una mujer se me traba la lengua y no sé que decir”, “No sé si mi padre no tuvo razón al no dejarme estudiar”.


Organos afectados: COLUMNA VERTEBRAL, ESPALDA, HOMBROS, GARGANTA.


síntomas asociados: pasividad, desvalorización, complejo de inferioridad, fealdad
e incapacidad, poca voluntad, debilidad, pesimismo, resignacion, impotencia, frigidez, miedo, depresión, inseguridad, problemas de estudio, fustración, discapacidad.


claves sintomáticas: SENTIMIENTO DE INFERIORIDAD.


Combinaciones frecuentes con otros remedios


Agua de roca (4/6): autoexigencia excesiva conducente al sentimiento de inferioridad.
Avena silvestre (6/8): sentido erróneo de la vida por falta de confianza en uno mismo.
Escaramujo (6/18): falta de impulsos con escasa confianza en uno mismo.
Genciana (6/20): falta de voluntad con escasa autoconfianza.
Hojaranzo (6/22): sentimiento de sobrecarga por falta de confianza en uno mismo.
Leche de gallina (6/24): pérdida de la autocon fianza por trauma psíquico.
Manzano silvestre (6/26): sensación de impureza con autodesprecio.
Mímulo (6/27): pusilanimidad por falta de confianza en uno mismo.
Nogal (6/29): gran influenciabilidad por falta de autocon fianza.
Olivo (6/30): desconfianza en uno mismo por agotamiento.
Olmo (6/31): pérdida repentina de la confianza en uno mismo.
Pino albar (6/32): sentimiento de escaso valor moral.
Violeta de agua (6/38): problemas de toma de contacto por sentimientos de inferioridad.

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