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ELM

 

ALBAR ULMUS PROCERA

OLMO

 

Descripción


El olmo inglés procede de Gran Bretaña. Actualmente ha dejado de ser un árbol típico ya que desde 1930 a 1960 fue prácticamente destruido por la peste holandesa, un hongo mortal para esta especie.
Cuando Bach lo encontró estaba preocupado, abrumado por lo extenso de su trabajo y temía no poder completar la investigación. Mientras sentía est percibió que estaba rodeado de olmos en flor, lo cual le devolvió la fuerza, 1 seguridad y la convicción para seguir hasta el final, a pesar de su salud quebrantada.
Este árbol era utilizado para sostener la vid joven y así se convirtió en alma mater del dios del vino.


Relación Botánica


Pertenece a la familia de las Ulmáceas. Puede llegar hasta 30 metros d altura. Crece en los bosques y bordes de carreteras. Florece desde mediados hasta fines del invierno. Sus hojas son ampliamente ovales, dentadas y rugosas de color verde oscuro y toman tonalidades amarillas en otoño. Florece e verano y las flores dispuestas en racimos abren antes de la aparición de las hojas.

Observaciones psicoterapéuticas


Cuando presenta una acentuación positiva, el principio «olmo» consiste no sólo en sondear constantemente hasta los límites más alejados la propia capaci­dad, con gran fuerza y disposición de lucha, sino en ampliarlos también de modo permanente. Se corresponde por ello a un principio fundamental de la naturale­za, sin el cual no seria posible la vida: el crecimiento. Un organismo que está cre­ciendo elimina en cierto sentido sus formas de aparición y sus estados y los sus­tituye por otros nuevos, mejores y más avanzados.
Todo lo que se ha alcanzado y formado permanecerá así para siempre, tal como es. Para modificarlo y superar su inercia natural hay que aplicar una cierta fuerza, es decir, energía, de cuya cantidad depende a su vez el grado posible de modificación, crecimiento y avance.
Aquí radica la fuerza de la persona de tipo «olmo». Donde otros se mantienen dentro del marco de lo habitual y apenas se estimulan, ella aplica hasta el máxi­mo de sus fuerzas la predisposición natural; el resultado es un elevado rendi­miento y un intenso crecimiento personal.
Pero cuando se la dosifica incorrectamente, la fuerza (lo mismo que todo en nuestro mundo) tiene una potencia negativa. Mientras que si es demasiado pequeña no podemos desarrollarnos, si es excesiva genera estrés y nos destruye.


Así pues, el estrés aparece porque nuestro organismo moviliza más energía de la que puede transformar de un modo razonable. El estrés genera una sobrepre­sión interna perjudicial (por ejemplo la hipertensión, la lipotimia o el infarto de miocardio) o conduce a acciones descoordinadas y carentes de sentido. En el fon­do, lo que significa es una reacción falsa; ante una exigencia o un peligro perde­mos la visión global de la cantidad de energía que necesitamos para vencerlo y reaccionamos en demasía.


Mientras que por regla general el motivo es el miedo, que hace parecer al peligro exageradamente grande e impide un comportamiento apropiado, en el caso de las personas de tipo «olmo» con un desarrollo negativo existen un exce­so de ambición y voluntad de hacer cosas, que enturbian su vista para percibir la medida correcta y le conducen al estrés. Es como un colono que en la selva, po­seído de una ambición sin medida, intenta apoderarse de una parcela exce­sivamente grande, pero que llega a un punto en que es incapaz de seguir ade­lante, agota sus fuerzas en una lucha desesperada contra el poderío de la natu­raleza y acaba por caer en el riesgo de perder de nuevo todo. Lo que podría garantizarle una hermosa existencia, es decir, su enorme fuerza y su predispo­sición a la acción, le arruinan porque las aplica de una manera desmedida y sin sentido.


Los estados de «olmo» con estrés los conocemos todos de una u otra forma. Por lo general afirmamos que la culpa la tienen circunstancias externas. Pero en realidad la tiene sobre todo nuestra propia incapacidad de enfrentarnos correc­tamente a la realidad de la vida y a nuestra capacidad de acción. Caemos en el estrés porque estimamos erróneamente la situación, nos proponemos demasia­das cosas y emprendemos una lucha sin visos de victoria contra nuestro destino. Llegamos por fin al punto en que nos damos cuenta de que nos hemos sobrepa­sado, que «las apariencias eran mayores que la realidad» e intentamos despren­dernos de nuevo de toda esa carga.
En las personas de tipo «olmo» los sentimientos de fracaso son especialmente vehementes y fuertes. Se parecen a los rayos que preceden a la tormenta, pero no significan todavía la catástrofe definitiva. Son más bien señales de alarma de su psique, tan acostumbrada al éxito que al más mínimo contratiempo (y no con el derrumbe) da la alarma. Exagera en cierta medida el peligro para garanti­zar la reacción a tiempo. Así, la persona de tipo «olmo» se adelanta en sus pen­samientos al derrumbamiento, aunque con una intensidad realista, y por lo tanto tiene la posibilidad de cambiar a tiempo su comportamiento. Rara vez se produ­ce efectivamente la catástrofe. Por lo general, presintiendo el desmayo, puede modificar sus objetivos, o sea, hacerlos factibles, definirlos o encontrar una tácti­ca que tenga éxito. Al final se le ve de nuevo en la lucha, pues sus reservas son muy grandes.


Básicamente, lo mejor sería que la persona de tipo «olmo» redujera los im­pulsos de actuar, que durante tanto tiempo han crecido en ella, del mismo modo que lo hace el corredor de fondo, que aumenta su velocidad sólo hasta el pun­to que le permita aguantarse en largas distancias. Pues el arte de la vida consis­te en perseguir los objetivos y los deseos con toda la fuerza que permita augurar un éxito, pero en renunciar sin amargura o desengaño en cuanto se vea que re­sultan inalcanzables.


Descripción del estado:


Sensación de agobio. Sentimiento temporal de no poder cumplir con sus responsabilidades. Para quien no sabe por dónde empezar.


Verbalizaciones frecuentes:


“Tengo tanto que hacer que no sé por dónde empezar”, “ No paro de dar vueltas, se me pasa el tiempo y no hice nada de lo mucho que tenía por hacer”, “Me abruma que todos se apoyen en mí”, “Estoy haciendo más de lo que puedo”, “Si bien siempre he manejado este tipo de situaciones, siento que en este momento me sobrepasan”, “Siento que estoy haciendo demasiado y quisiera dejarlo todo”, “Me siento abrumado”, “No puedo organizar mis ideas; estoy como desordenado mentalmente”, “Me estalla la cabeza”, “Me agoto con sólo ver todo lo que tengo que hacer”.


Organos afectados:CABEZA, CORTEZA CEREBRAL, COLUMNA VERTEBRAL.


síntomas asociados: cansancio, stress, agobio, abrumamiento, sobreexigencia,
sentimiento transitorio de incapacidad, culpa, inseguridad,
desconfianza, debilidad, inadecuación, vacilación, accidentes
cerebro-vasculares.


claves sintomáticas: INCAPACIDAD TRANSITORIA


Combinaciones frecuentes con otros remedios


Alerce (6/31): súbita pérdida de la autocon fianza.
Aulaga (7/31): súbita desesperanza a causa de sobrees fuerzo. 
Castaño común (12/31): desesperación por sobreesfuerzo.
Cerasifera (15/31): al final de la resistencia psíquica y física.
Genciana (20/31): sentimiento de sobrecarga con falta de ánimos.
Hojaranzo (22/31): crisis agudas de rendimiento.
Leche de gallina (24/31): derrumbe por conmoción psíquica.
Mímulo (27/31): repentino temor al fracaso.
Olivo (30/31): grave agotamiento fisicopsíqu ico.
Roble albar (31/33): sobreesfuerzo por un rendimiento forzado.
Tamarilla (31/35): pánico por estrés.

 


 

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