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CHICORY

 


CHICORY

 

CHICORIUM INTYBUS

ACHICORIA

 

 

Descripción


Es una pequeña planta silvestre, muy ramificada, de tallos resistentes. Elige para crecer los bordes de los caminos, suelos pobres y calcáreos. Su flor es azul-cielo. Cuando Bach se refiere a Chicory la asocia con el manto de la Virgen María, el azul como el color devocional, noble y despegado de las ambiciones terrenales.


Esta planta crece con fuerza en el sur de Inglaterra. Las hojas son utilizadas para ensaladas y la raíz es secada al sol, molida y adicionada al café para mejorar su sabor. También se la conoce con el nombre de amargón.


Relación Botánica


Es una planta perenne que florece a principios del verano hasta principios del otoño. De hojas verdes brillantes, sus flores alcanzan su mayor esplendor al anochecer.



Observaciones psicoterapéuticas


El elemento esencial en la predisposición de la persona de tipo «achicoria» es una intensa necesidad de amor, es decir, de unos lazos causantes de felicidad con un ser vivo (o un objeto). Al poseer por naturaleza una gran fuerza personal, pre­senta siempre un componente activo, lo cual significa al mismo tiempo que adjudica a su pareja un papel bastante pasivo y receptor. En estas circunstancias, dando de forma magnánima, rebosando de amor y experimentándolo con ello, la persona de tipo «achicoria» puede ser feliz. Pero a pesar de su carácter dadivoso no es en modo alguno desprendida y con tendencia a la renuncia, sino «egoísta» de un modo natural. Lo mismo que el músico golpea con cariño el instrumento para percibir su resonancia, la persona de tipo «achicoria» desarrollada armóni­camente es la que más se alegra por lo general de la propia alegría que desenca­dena en los demás, y evita todo lo que podría enturbiarla.


Con el síndrome «achicoria» no lo consigue al haber perdido, dentro del mar­co de una postura orientada hacia la ventaja temporal, la percepción hacia los aspectos sensibles del corazón. En este estado pierde su generosidad y confunde el amor con un negocio, basando todo lo que da en una exigencia de devolución. Aun cuando se preocupa incansablemente de aquellos a quienes ama, les atien­de, les ayuda o incluso les salva, exige una elevada contraprestación: deben es­tarle agradecido y ponerse a su disposición.


Aunque sus motivos son el comprensible deseo de amor, olvida que éste es una cuestión de corazón y que sólo puede surgir a partir de una alegría por la vida inmediata y sin un objeto concreto. Pero sobre todo, primero tenemos que haberlo despertado en nosotros mismos antes de que podamos encontrarlo en nuestro mundo exterior. Pues allí sólo (re)encontraremos lo que llevamos en no­sotros. Hacer y vivir son manifestaciones de ser y sentir. Por eso constituye un error creer que el amor depende de manera primordial de unas circunstancias o condiciones objetivas. En realidad es la expresión de un estado del alma, un sen­timiento que se proyecta desde el interior hacia fuera. Sólo cuando estamos Ilenos de amor podemos provocarlo en nuestro entorno y si nosotros mismos no estamos predispuestos al amor, seremos sordos y ciegos ante él.


Quien no es amado no ama y quien se siente desamado es incapaz de sentir el amor que, de una forma constante y diversa, nos rodea. Es la vida, la gran au­toevidencia divina, pero se nos revela dónde y cómo quiere, pero no de la mane­ra y en el momento en que así lo deseamos. Si creemos que el amor debería ser de uno u otro modo, referirse a esta o aquella persona o a una determinada si­tuación, si intentamos ligarlo a ideas, condiciones o exigencias, nos abandona y reaparece, transformado en dolor, para hacernos conscientes de nuestro error.
Se cree con el síndrome «achicoria» que es posible ganar el amor con buenos actos o forzarlo con un terror psíquico, y si no se consigue se reacciona con com­pasión o autocompasión, quejas o desesperación, autosacrificio o chantaje, pre­disposición o celos.


Si observamos en nosotros tales síntomas (todo ser humano lleva algo de «achi­coria en la sangre») deberemos mantenernos atentos y valorarlos como síntoma de un descarrilamiento interior. Nos basta con mirar en el espejo que llevan las personas a las que amamos: sólo cuando acuden con placer a nosotros y podemos volver a dejarlos que se vayan libremente cuando quieran, nuestro amor es bueno.
En especial los padres que se quejan de que sus hijos no están con ellos. En lugar de hacerles reproches deberían buscar primero en sí mismos el error, pues ningún hijo se aleja de los padres que le tratan bien y con cariño. Son siempre los padres los que echan a los hijos de casa condicionándoles su amor o amar­gándoles la vida con reproches, deseos de dominio o lamentaciones. Aunque, también, los hijos que desempeñan el papel de tiranos emocionales y exigen in­saciables una plena dedicación, indican que han sido educados con una mentali­dad de tipo «achicoria»; la mayoría no pueden liberarse hasta que los padres no cambian o cuando pierden el contacto con ellos.


Descripción del estado:


Personalidad posesiva por temor a no ser querida. Siente que tiene que participar en todo. Crítica. Espera ser tomada en cuenta para todo. Se ofende con facilidad.


Verbalizaciones frecuentes:


“Sólo te lo digo porque te quiero bien”, “Cómo me puedes hacer esto, después de todo lo que yo he hecho por tí”, “Si ya no sirvo más para nadie, ya sé lo que me queda por hacer”, “ Gracias a mí eres lo que eres”, “Puedes ir adonde quieras, pero yo me voy a quedar sola aquí, esperando que regreses, sea la hora que sea”, “He criado a tantos hijos, y ahora resulta que tengo que irme sola de vacaciones”, “Siempre busco sacar alguna ventaja de las situaciones”, “ Me ofendo fácilmente si no siguen mis consejos. Después de todo, yo les deseo lo mejor a mis seres queridos”, “Nadie aprecia lo que hago”


Organos afectados: APARATO SEXUAL Y REPRODUCTOR, MAMAS, SISTEMA ENDOCRINO,
CORAZÓN, SISTEMA URINARIO, MANOS Y BRAZOS.


síntomas asociados: afecciones cardíacas y ginecológicas, patologías mamarias,
fibromas, ausencia injustificada de la menstruación, estreñimiento, hipertensión arterial, posesividad, carácter dominante.


claves sintomáticas: EGOCENTRISMO, POSESIVIDAD


Combinaciones frecuentes con otros remedio


Acebo (1/2): amor-odio.
Brezo (2/9): el afán de ser amado y apreciado.
Castaño blanco (2/11): pensamientos de amor forzados.
Castaño rojo (2/13): el total autosacrificio.
Centaura menor (2/14): sacrificio egoísta.
Madreselva (2/25): aflicción por pérdida de amor.
Mímulo (2/27): aferramiento temeroso.
Mostaza silvestre (2/28): depresiones por un amor insatisfecho.
Roble albar (2/33): preocupación o amor insistentes e importunos.
Sauce (2/34): amargura en caso de rechazo o desagradecimiento.


 

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