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BEECH

 

Fagus Silvática

HAYA

 

 

Descripción

Este árbol es nativo de Europa, excepto Escandinavia. Pertenece a la familia de las fagáceas, al igual que el roble y las encinas. Su fruto es el hayuco, rico en almidón y aceite. La madera, de color rosado, es muy apreciada por la delicadeza de sus nudos.
Necesita humedad y por esto es común en las regiones de clima oceánico. Es un árbol majestuoso, ornamental de deslumbrante tono rojizo. Crece formando bosques puros de hayas. Por el espesor y tamaño de la copa no permite el paso de la luz y la lluvia y en toda la zona aledaña no crece pasto u otras plantas. Tampoco los insectos y animales se acercan. La supremacía y dominio que ejercen las hayas no permite el crecimiento de la vida alrededor. La madera de haya se utilizaba en la antigüedad para hacer tablillas de escritura. “Que la runa bárbara sea marcada en tabletas de madera de haya’ (Vennatius Fortunatus, siglo VI). El Beech también era considerado un árbol oracular por algunos pueblos aqueos.


Relación Botánica


Es un árbol caducifolio que prefiere los suelos calcáreos. Su altura puede llegar hasta 35 metros, y tiene frutos comestibles. Florece desde principios hasta mediados de primavera. El tronco es recto y columnar con hojas ovales y clípticas. Las flores masculinas en racimos redondeados y amarillo-verdosos, cada uno con 15 pequeñas flores, se sitúan sobre largos pedúnculos colgantes.



Descripción del estado:


Personalidad crítica, arrogante, intolerante. Acusa a otros pero es incapaz de ponerse en el lugar del otro. Tensión localizada en la zona de la mandíbula. Suele apretar los dientes o éstos le rechinan.

Verbalizaciones frecuentes:


“Quiera o no, veo las debilidades de los demás inmediatamente”, “No aguanto el desorden”, “No puedo soportar a la gente que habla sin pensar”, “No puedo entender que no piensen igual que yo, si sé que tengo razón”.

Observaciones psicoterapéuticas


El tema fundamental del síndrome «haya» es una tolerancia mal entendida y una intolerancia rechazada injustamente.
Tolerancia significa la capacidad o disposición de permitir o aguantar algo. Por regla general se la entiende en un sentido positivo: recomendamos ser agra­dables, tolerantes e incluso soportar algo que nos pueda resultar desagradable. A tenor de eso mismo, la intolerancia tiene un cariz negativo: las personas intole­rantes nos desagradan y nosotros mismos nos defendemos contra todo lo desa­gradable.
Tolerancia e intolerancia son importantes principios lógicos en todo el proce­so de la naturaleza, pues en nuestro mundo las cosas sólo pueden existir bajo condiciones determinadas con gran precisión, dentro de los llamados límites de tolerancia. No sólo están establecidos en las condiciones de vida exterior sino también en las reglas interiores (de la estructura material, las cadenas de reac­ciones fisiológicas, la constitución psíquica> y garantizan a todo ser viviente la mejor supervivencia posible.


Bajo circunstancias desfavorables los límites de tolerancia pueden modificarse tanto, que determinadas condiciones o influencias, que hasta ese momento eran útiles o soportables, se convierten de pronto en perjudiciales o inaguantables. Esto puede llegar hasta el punto de que dirijamos nuestras intolerancias contra nosotros mismos en lugar de hacerlo contra el mundo exterior, reaccionando por ejemplo nuestro organismo de forma alérgica frente a la propia sustancia celular, o bien desarrollando nuestra psique aversiones perjudiciales para ella misma.
El problema de la persona de tipo «haya» radica en esa perversión de la pro­porción entre tolerancia e intolerancia, pues —aunque de modo más o menos in­consciente— rechaza sus propias incompatibilidades o intolerancias protectoras y frente a todos los inconvenientes de su medio ambiente reacciona con una tole­rancia injustificada y artificiosa.


Si esta postura se basara en autoconocimiento y sabiduría de la vida, consti­tuiría una gran posibilidad humana, es decir, superar la propia intolerancia mez­quina mediante una generosidad consciente. Pero dado que la persona de tipo «haya» no actúa conscientemente y lo hace sobre todo sólo por debilidad perso­nal, falta de autovaloración o coacciones morales, lo que hace tiene muy poco valor, por muy agradable que pueda ser a menudo. Provoca desconcierto e im­pide su maduración como ser humano.
Y puesto que todo ser humano, por muy autoalienado que pueda estar, en lo más profundo de sí mismo busca siempre la verdad, el de tipo «haya», al traicio­narla —aunque sea de modo no intencionado— cae en una permanente y soterra­da insatisfacción. Intuye que hay algo en él que no está bien y su organismo le enseña, en forma de reacciones alérgicas, que la tolerancia y la intolerancia tie­nen en él una «polaridad equivocada». Debería darse cuenta de que sus aversio­nes e incompatibilidades naturales, que constantemente trata de compensar con una exagerada tolerancia, tienen desde luego un sentido y que constituyen la condición imprescindible de su autorrealización personal. Podría evitar entonces de modo más consciente aquellas situaciones en la vida o aquellas personas que para él no son buenos y seguir su propio camino de una manera más consecuen­te. Con ello, sus relaciones humanas serían más claras y sinceras, porque acepta­ría a todo el mundo tal como es y no adjudicaría a nadie cualidades que no posee.


Organos afectados:

COLUMNA VERTEBRAL, HOMBROS, GARGANTA, BOCA, OÍDOS, SISTEMA DIGESTIVO, TRACTO SUPERIOR DEL SISTEMA RESPIRATORIO.


Síntomas asociados:


Rasgos faciales rígidos, rigidez en el pecho y mandíbula inferior, irritabilidad, intolerancia, crítica y autocrítica, susceptibilidad, enfermedades de la piel, problemas digestivos, soledad, depresión, insomnio, alergias, trastornos  respiratorios.


claves sintomáticas: ARROGANCIA, INTOLERANCIA.


Combinaciones frecuentes con otros remedios


Acebo (1/21): reacciones de shock alérgicos.
Agrimonia (3/21): tolerancia y amabilidad artificiales.
Agua de roca (4/2 1>: generosidad frente a los demás y rigidez con uno mismo.
Alerce (6/21): tolerancia por falta de confianza en uno mismo.
Brezo (9/21): tolerancia oportunista.
Mímulo (21/27): tolerancia por miedo.
Pino albar (21/32): tolerancia por motivos morales.
Vid (21/37): la intolerancia total.
Violeta de agua (21/38): hermetismo hipertolerante.


 

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